στο μεταξύ

Escribir desde el enfado

Hoy me he dado cuenta de que el enfado es lo único que me motiva a escribir. El humorista Yannis Pappas dijo en un sketch algo así como que el enfado es lo que hace que el corazón siga latiendo. Cuando vuelvo a leer los artículos que he publicado en este blog, me resulta difícil no pensar en lo mucho que me gustaría escribir en positivo, escribir de lo bueno y hermoso de este mundo y no de lo jodida que está la situación en muchísimos aspectos que nos atañen a diario. No quiero acabar escribiendo una entrada sobre lo mucho que quiero escribir algo distinto a lo que normalmente escribo, para eso prefiero escribir directamente lo que quiero y punto. Así que para intentar ser coherente, ahí les va una entrada sobre algo que considero hermoso: las nubes de agosto.

Vivo en un lugar realmente caluroso. En verano alcanzamos los cuarenta grados fácilmente y todo el que puede abandona estos lugares para buscar refugio en partes más frescas del país. Este verano no he podido escapar del caluroso verano sureño y eso es justamente lo que ha hecho que valore mucho más lo que os voy a contar.

Desde hace unos días las temperaturas han bajado bastante e incluso hemos tenido un par de días de lluvia, algo que ha hecho que los días se vuelvan increíblemente agradables y frescos. El eterno cielo azul de mi tierra ha recibido la visita de unas nubes que, extraviadas, nos han regalado unos hermosos días más propios del otoño que de la temporada estival. Los atardeceres se volvieron majestuosos con cielos llenos de formas y colores. Las noches se volvieron ligeras, haciendo que los vecinos salieran con sus niños a tomar el fresco a la calle, llenando de risas los rincones de mi pueblo. Y esa lluvia tan necesaria en estas latitudes limpió la atmósfera de la pesadez estival que normalmente nos atormenta desde julio hasta mediados de septiembre. Me siento realmente agradecido de haber podido disfrutar de estos días, los cuales he valorado mucho más tras semanas de altas temperaturas. Agosto se acaba, pero lo hace dulcemente, dándonos un pequeño regalo para poder afrontar lo que nos depara septiembre. Gracias, nubes de agosto; espero volver a veros pronto.

Escribir estos renglones hace que me sienta mejor. Son las nueve de la noche y por mi ventana puedo ver cómo el viento mueve el toldo de los vecinos de atrás. Las plantas de mi patio descansan y se preparan para otra plácida noche veraniega más fresca de lo normal. No quiero extender esto más de lo necesario, tan sólo espero que pueda poder volver a escribir desde la calma y no desde el enfado. No sé si he conseguido lo que pretendía, pero algo tengo claro: necesito relajarme.

Gracias por leerme.