Necesitamos una poesía realmente independiente
Siempre que me topo con nuevos poetas en Internet, hay algo que llama mi atención. Es un elemento que muchos de los poetas actuales tienen en común: no son independientes. Una poesía realmente independiente lo es en dos aspectos: ideológica y financieramente. Si las ideas que viven en tus versos las ha elegido el poder político y no dispones de la financiación necesaria para publicar y competir en el mercado artístico, tu poesía no es independiente. Al menos no como un poeta que quiere publicar su obra. Si eres un poeta que escribe de forma privada, tan sólo tienes que preocuparte de la parte ideológica.
No nos faltan los precedentes históricos, desde la relación de Horacio con Mecenas, su benefactor, hasta la figura del poeta que producía su obra bajo el ala de una casa real, los poetas siempre han tenido la necesidad de hipotecar sus versos para poder vivir de ellos. También los hay que venden sus versos a una ideología, especialmente si esta es la mayoritaria. Históricamente, los poetas inteligentes se aprovechaban del poder para sobrevivir, usando su astucia para crear versos que pasaban desapercibidos ante la capacidad interpretativa de sus amos, teniendo de esta forma una libertad creativa algo más holgada, algo que no encontramos en los ejemplos actuales.
A día de hoy, sin embargo, vemos una figura muy curiosa: la del poeta que dice ser un antisistema mientras declama sus mal llamados versos libres frente a las banderas de las instituciones políticas que nos subyugan. Dicen, a su vez, ser anticapitalistas, pero no pierden la oportunidad de participar en eventos organizados por famosas cadenas de centros comerciales. No es mi intención perder el tiempo hablando de política, para eso ya tienen otros millares de espacios en Internet buscando captar su atención, vengo a hablarles de la necesidad de una poesía realmente libre e independiente.
Ante un momento histórico tan delicado como el nuestro, donde los gigantes tecnológicos, de la mano de los políticos, cercenan nuestras libertades a cada minuto que pasa, la necesidad de voces realmente independientes se hace más necesaria que nunca. Necesitamos plumas que versifiquen sobre los males que sufrimos a día de hoy. Necesitamos versos contra la división social creada de forma artificial, contra la progresiva pérdida de nuestras libertades, contra la falta de democracia en nuestro país (y en muchos otros), contra la oligarquía que nos gobierna, contra las influencias extranjeras que llenan nuestra tierra de ideologías ponzoñosas que destruyen lo que somos. Contra esto y mucho más, necesitamos versos independientes que den voz y belleza a esa lucha silenciosa que algunos libran y pocos ven. Necesitamos voces que narren sus revoluciones personales, el único tipo de revolución realmente posible. Necesitamos poetas independientes, no activistas paniaguados haciéndose pasar por artistas.
La existencia de plataformas de mecenazgo y crowfunding (financiamiento colectivo) ofrece a aquellos poetas que quieran ser independientes la posibilidad de publicar sus obras y recibir una remuneración por su arte sin tener que recurrir a concursos organizados por partidos políticos, subvenciones financiadas con dinero público u otras formas de venderse al poder. Con una conexión a Internet y una presencia en redes, un poeta contemporáneo tiene todas las herramientas necesarias para poder ser libre. De esta forma, el interés del público y no el poder político hará que tu poesía se publique o no.
No olvidemos que hacer un pacto con un político es como hacerlo con Satanás: siempre quieren algo a cambio, en este caso, tu independencia como artista. De esta forma, el poder tiene otra maniobra para controlar cualquier discurso disidente: si no comulgas con nosotros, no podrás vivir de tu arte. Si aceptas el pacto, tu arte dejará de serlo para convertirse en otra herramienta ideológica de control. Con este panorama, no me extraña que el principal objetivo del artista español sea vivir lamiéndole el culo al partido político que corresponda. En definitiva, este control de los artistas por parte de la clase política no deja de ser otra forma de legitimar un régimen como el nuestro, ya que resulta muy útil para los políticos tener “intelectuales” que los apoyen. Vaya circo tienen montado.
El panorama resulta desolador, pero todavía tengo la esperanza de que todo esto se puede revertir. Mientras queden voces libres, la poesía seguirá viva. Mientras tanto, un servidor les recomienda seguir leyendo a los clásicos e ignorar a todos los poetastros actuales. Yo lo hago y la verdad es que va de maravilla para cuidar de mi salud mental.
Sigan siendo independientes.
Hasta la próxima.